A propósito del tema que el profesor de un curso sobre Moodle nos pidió que discutiéramos en un blog tags, ¿Qué debe hacer un profesor para dar óptimamente una clase a distancia?, me surgieron muchas ideas en la cabeza y me quede pensando en este tema, o sea que me quede picada y por esto retomo esta discusión en mi blog.

En los varios cursos que he tomado sobre diseño de programas de capacitación, nos han mencionado que para generar aprendizajes significativos necesitamos cuestionarnos primero cuáles son las necesidades que el estudiante o participante en nuestro curso tiene, ¿de que le va a servir tomar nuestro curso?. En el caso de la educación formal, pocas veces nos cuestionamos este asunto, los estudiantes deben tomar nuestro curso y ya, porque es un requisito, porque alguien más decidió que era “indispensable” que supieran esto o aquello, etc. Pero como en educación continua o capacitación esto no ocurre así, es decir los participantes deciden estar o no en tal evento; es por esto que es más importante (no digo en educación formal no lo sea, solo que no es tan evidente).

Pero el saber que les interesa aprender a nuestros participantes no garantiza que el curso vaya a generar aprendizajes significativos, falta ponerse a pensar y ahora ¿qué y como le enseño? Y en esto he visto una gran variedad de técnicas y estilos, desde el profesor o profesora que dan cátedra, hasta los que solo ponemos a jugar a nuestros estudiantes, con la esperanza de que ya sea a través de “nuestra sabiduría” (que para muchos esa es su mejor arma) o a través de lo lúdico del juego, aprendan algo de lo que definimos que tenían que aprender.

Sin embargo, poco ponemos atención a la parte final del proceso, que al fin de cuentas debería ser la primera, es decir como evaluamos todos (estudiantes, profesores autoridades) la pertinencia del proceso, los resultados logrados, no solo en términos de productos, sino en la efectividad de los procesos para generar nuevas estructuras de conocimientos, que permitan reflexionar de nuevas formas la realidad que nos rodea tanto a estudiantes, como a profesores, a directivos, etc. Creo yo, a esto se refieren los aprendizajes significativos, o como dirían algunos que dijo Vigostky, como hacer más amplia la zona de desarrollo próximo (o la capacidad de crecer intelectualmente con la ayuda del profesor).

Algo que revise recientemente en una especialidad sobre pedagogía en la educación de jóvenes y adultos es que es más útil en la generación de aprendizajes significativos un concepto de enseñanza como comunicación personal, como estímulo del desarrollo de las posibilidades personales y como consecuencia la evaluación entendida como promotor del aprendizaje, como medio de conocimiento. En este sentido un concepto que me pareció muy importante es el de evaluación holística y como yo vengo de una escuela de agroecología, pues lo integral me parece mejor que lo parcial, así que les comparto este concepto, aunque todavía este en la búsqueda de cómo operacionalizarlo.

La evaluación holística plantea que “es necesario entender al alumno como una unidad, explicando el progreso en su aprendizaje como consecuencia del involucramiento de toda su personalidad en relación con las circunstancias que le rodean”[1], como su familia, su comunidad, la organización social, etc.




[1] Sacristán, José Gimeno (1992). Tácticas de evaluación integrada en el proceso de enseñanza, en Comprender y transformar la enseñanza. Morata, 7ª edición. España. pp. 387 - 397